Las relaciones de pareja deberían ser espacios de cuidado, apoyo y libertad. Sin embargo, a veces se convierten en escenarios de control, manipulación, humillación, aislamiento o miedo. Este tipo de violencia no siempre es fácil de identificar, y puede ir instalándose de forma progresiva, generando confusión, culpa, desgaste emocional y una profunda herida en la autoestima.
Salir de una relación violenta no es fácil ni inmediato, y cada proceso requiere tiempo, constancia y mucho respeto. La terapia constituye un espacio seguro para poner en palabras lo vivido, validarlo sin juicios, comprender cómo ese vínculo ha afectado al bienestar de la persona y empezar a recuperar su seguridad interna.
Desde ahí, es posible reconstruir poco a poco su proyecto vital, reconectar con su identidad, sus deseos y la propia capacidad de tomar decisiones de forma libre. Además de reparar el daño sufrido, la terapia puede constituir una ayuda fundamental para empoderar a la persona tras haber vivido algo tan dañino y devastador como es una relación de violencia.