A lo largo de la vida atravesamos etapas de cambio o ruptura que pueden generar confusión, temor o un fuerte sentimiento de inestabilidad.
A veces llegan tras decisiones importantes, pérdidas, separaciones, cambios de etapa o simplemente por una sensación interna de estar en desconexión de lo que somos o queremos. En esos momentos, lo que antes funcionaba deja de tener sentido, y no siempre sabemos cómo seguir adelante.
Las crisis vitales no son necesariamente algo negativo; también pueden ser una oportunidad para detenernos, cuestionarnos y redirigir el rumbo. Pero cuando se viven con malestar, bloqueo o angustia, contar con un espacio de acompañamiento puede marcar una gran diferencia.