Comprender lo que sentimos es el primer paso para poder cuidarnos de forma real y profunda. Muchas veces vivimos nuestras emociones como algo confuso, incómodo o incluso amenazante. Nos han enseñado a reprimirlas, a esconderlas o a juzgarlas como “buenas” o “malas”, cuando en realidad todas las emociones tienen una función y algo valioso que
decirnos.
En terapia, trabajamos para aprender a identificar y nombrar lo que sentimos, a conectar con esas emociones sin miedo y a regularlas sin tener que evitarlas o desbordarnos. Este proceso no solo alivia el malestar, sino que nos permite entendernos mejor, tomar decisiones más coherentes y relacionarnos desde un lugar más auténtico y equilibrado.
Aprender a habitar nuestras emociones con conciencia y sin juicio transforma la forma en que nos tratamos, en que respondemos ante lo que nos pasa y en cómo nos vinculamos con el mundo que nos rodea.